Maldito mercado

Muchos escritores y escritoras tienen con el mercado una relación de amor/odio paradigmática. En especial los españoles y latinoamericanos, que -aunque dediquen horas, días, y viajes agotadores para promoverse-, suelen decir que el mercado no les importa.

Es verdad, la calidad literaria es algo independiente del mercado. No es la venta lo que consagra o no la buena literatura, pero lo que un autor gana con su trabajo de escritor, está directamente relacionado con la cantidad de ejemplares vendidos. Si el mercado lo entendemos como el lugar donde se encuentran la oferta y la demanda de productos y servicios y se determinan los precios, cualquier libro publicado, lo quiera o no su autor, está en el mercado y no escapa a las reglas de este. Sigue leyendo

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Oye Siri, ¿hacia dónde va el mundo del libro?

La caída del 40% en la venta de libros, en los últimos diez años, no es una crisis, sino una nueva realidad, que hay que analizar con atención. El mercado se redimensiona, se reacomoda, sabemos que los lectores compran menos, no sabemos si también leen menos.

En Estados Unidos, el país donde más libros se publican y venden, en los últimos diez años, la venta ha tenido una caída del 37%) (United States Census Bureau, 2018, www.census.gov).

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El agente literario ¿un simple intermediario?

Qué tristeza sentí al leer una entrevista reciente, en la que una colega decía “los agentes literarios somos intermediarios entre el autor y el editor”. Tristeza porque no creía que ningún agente pudiera pensar así, y más tristeza aún porque adopta con naturalidad el discurso que desprecia “la intermediación”, por no ser un concepto de la nueva economía, esa que se dice colaborativa, en la que la colaboración consiste en que muchos tienen ingresos miserables, para que unos pocos se enriquezcan. Como si la empresa de distribución más grande del mundo no fuera, justamente, un intermediario gigante.

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El editing, esa arma de doble filo ¿Mejorar o transformar?

El trabajo del editor con el texto del autor ha tenido momentos de gloria, resultando algunas veces un aporte muy agradecido por los escritores, que vieron cómo el editor les ayudaba a mejorar, o incluso a poder terminar su obra. Hoy, la imperiosa necesidad de vender más ha distorsionado la idea del editing, llevando a muchos escritores a una zona de conflicto con sus convicciones.

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Qué hacer para ser publicado

Un desafío para los escritores

La creciente dificultad para encontrar editorial, similar a lo difícil que resulta conseguir agencia literaria, es una de las mayores preocupaciones de los escritores que tienen una y a veces varias obras escritas, que quieren publicar.

En esta dificultad, encontraron su negocio las editoriales y plataformas digitales de autoedición, que no parecen ser una solución, sino solo un negocio muy lucrativo para la editorial. En Estados Unidos se llaman Vanity Publishers, empresas que lucran con la vanidad del escritor, como si no supieran que lo que ofrecen, nunca satisfará las expectativas que genera.

En el mundo de los escritores, sigue siendo el libro tradicional, impreso en papel, y puesto en librerías por un sello de prestigio, la principal forma de reafirmación, además de la mejor posibilidad de llegar a las librerías, a los medios y a los lectores.

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La librería más grande del mundo, contra libreros, editores y autores

El gran depredador. El avance, a cualquier costo, de algunas empresas, es tan vertiginoso como la velocidad con que nos están arrastrando a la jungla. Lo increíble es que el final, pareciera no ser otra cosa que su propia destrucción. Pienso en los ingenieros que están diseñando los robots que reemplazan a los operarios en las fábricas de automóviles, robots que en pocos años ya no necesitarán ingenieros, porque se diseñarán a sí mismos. A esto quiero referirme, a lo que se anuncia como un gran avance, y parece todo lo contrario. Como lo que llaman “economías colaborativas, donde la “colaboración” consistente en que unos trabajan casi por nada, y otros se llevan casi todo.

Estos impulsos, que se presentan como “una gran innovación”, ocultan la verdadera meta y el camino de destrucción. Un ejemplo son las ciudades en las que se han abierto grandes centros comerciales, que arrasaron con el comercio de barrio y con el empleo, a toda velocidad.

En el mundo del libro este fenómeno es más reciente, y aunque el crecimiento de las grandes cadenas implicó el cierre de muchas librerías de barrio, el gran proceso de destrucción que ahora estamos viendo, viene desde afuera del sector, facilitado por las posibilidades de las nuevas herramientas digitales.

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