El autor solo cobra cuando un lector compra un libro. El lector es el destinatario de su trabajo, y al mismo tiempo quien determina su economía. Un escritor necesita muchos lectores, para poder vivir de su trabajo y seguir escribiendo.

La lealtad del autor con sus lectores es fundamental. Es un sentimiento intangible, que se trasmite ante todo a través de la literatura y, en segundo lugar, por los medios y las redes sociales. Cuando los lectores reconocen esa lealtad, se genera un compromiso muy fuerte con el autor, que, si cuida y sostiene con el tiempo, no lo abandonarán jamás y serán cada vez más. Nada ni nadie como los lectores, para atraer a más lectores.

Sostener la lealtad a lo largo del tiempo requiere coherencia y constancia del autor, y mucha profesionalidad de su editorial, para que el libro llegue de la mejor manera posible: cuidado, bien publicado, bien impreso, a un precio razonable, que esté en venta de todos lados y en todos los formatos. A las que saben hacer bien este trabajo, las llamo editoriales tradicionales, no por anticuadas, sino porque saben innovar sin descuidar los valores esenciales del libro, los que garantizan una edición de calidad. La profesionalidad de una editorial es independiente de su tamaño, y necesaria en cualquier soporte en el que publique.

Así como la mejor editorial no puede fabricar un gran libro ni un gran éxito de venta cuando el texto del autor no lo permite, la falta de una buena labor de edición puede hundir al mejor trabajo de un escritor.

La importancia del trabajo editorial en la transformación de un manuscrito en un libro, ha sido puesta en cuestión por las plataformas digitales de edición, que proponen la llegada directa del autor al lector, eliminando a los intermediarios, entre los que se encuentran las editoriales y las librerías.

Tener lectores comprometidos, garantiza al autor un lectorado creciente, y una constante renovación generacional. Tener más lectores es una gran satisfacción, una respuesta a su trabajo, un reconocimiento. Son los lectores, no los premios literarios, los que consagran a un escritor. Tener más lectores también implica ganar más, poder vivir del trabajo de escribir, profesionalizarse. Es el camino para que sus libros circulen más allá del mercado local, que se traduzcan y se publiquen en otros países e idiomas, que reciba premios, invitaciones a presentaciones, ferias y festivales literarios de todo el mundo y, cuando la obra lo permite, llegar al cine y a la televisión.

No todos los libros ni autores logran recorrer este camino, pero todos merecen la oportunidad. Para ello se requiere una obra excelente, y un trabajo bien hecho por la editorial.

Como los escritores solo cobran por los ejemplares de sus libros que se venden, su futuro profesional depende de los lectores. Una dependencia que genera compromisos y riesgos, incluso a quienes no quieren pensar en ello, por temor a escribir con condicionamientos. Ser leal con sus lectores no quiere decir ser complaciente. No estar de acuerdo, o incluso confrontar, no debilita el compromiso, lo ejercita, lo fortalece. Los lectores son gente inteligente. Solo el best seller, como género, es complaciente, porque ofrece al lector lo que ya se sabe que quiere leer. Sin que esto implique un juicio de valor.

El futuro profesional del autor

Un autor, para ganar más, necesita muchos lectores que compren sus libros, algo a lo que no ayuda el mundo digital del gratis total. Pese a la acumulación de información personal y de los hábitos del comprador, ningún algoritmo ha logrado reemplazar la eficacia del “boca-oreja” para tener más lectores, los libreros pueden confirmarlo.

Las campañas de marketing ayudan a que el despegue de la venta sea más rápido, pero si el libro no gusta a la primera tanda de lectores, la venta se detiene, las librerías devuelven los libros a la editorial, y no suele haber una segunda oportunidad.

El autor es la estrella

La promoción de libros basada exclusivamente en el autor, hace que todo se centre en su persona y no en su obra, por eso cada vez se los sigue más, pero se los lee menos. (La venta de libros ha caído un 40% en los últimos diez años). Leer un libro es algo que sucede fuera de las redes, que no entra en la lógica de los seguidores. No hay una consecuencia entre seguir a un autor, con el deseo o la necesidad de leer su libro, porque esta era una lógica pre-digital, que no existe más.

Los lectores comprometidos se convierten en seguidores de sus autores, pero no todos los seguidores se conviertan en lectores. Hay escritores que tienen 100 mil seguidores y millares de likes al anunciar su nuevo libro, del que luego apenas se venden mil. Los seguidores idolatran al autor, votan cuando les preguntan por la mejor ilustración para la cubierta, mantienen un diálogo con mucha regularidad, pero no compran sus libros.

El trabajo de una editorial tradicional

Al comprar un libro, el lector también está remunerando a toda una cadena que interviene en la transformación de un manuscrito en un libro. El aporte que hace esta cadena es esencial para que el lector reciba un libro bien hecho, legible, de calidad, y que esté en venta en todas las librerías, físicas y online.

Cuando un libro sale al mercado, además de estar bien escrito, ser interesante y original, tiene que reunir otros requisitos para poder sobrevivir y tener posibilidades de éxito. Esto es lo que aporta la editorial. Aunque el lector no sea consciente de cuáles son estos aportes, determinan el aprecio o rechazo por el libro que lee. Tanto el aprecio como el rechazo, el lector los atribuirá al autor.

Esta cadena está formada por una serie de eslabones: librerías, distribuidoras, editoriales con sus colaboradores, agencias literarias. Profesionales y empresas que trabajan para vincular al escritor con el lector de la mejor manera posible, y con el máximo de garantías de calidad. El lector -lea en papel o en digital-, merece un libro bien publicado. Por eso los escritores prefieren publicar libros en editoriales que les garantizan un trabajo bien hecho.

La importancia del aporte de esta cadena nunca fue necesario justificarla, hasta que las plataformas de venta online instauraron que todo debía llegar directamente del productor al consumidor, eliminando a los intermediarios, convirtiéndose así la plataforma en el único intermediario. Entonces surgieron nuevas propuestas de edición online, que no consideran necesario contar con una formación profesional ni una tradición editorial, para ofrecer a los escritores otras opciones de publicación, que no requieren de editoriales ni de librerías. Propuestas de edición que suenan bien, porque además de generar la ilusión de ser publicado,  van acompañadas de anuncios atractivos, al estilo de “¿por qué conformarse con un 10%, si puedes recibir el 70?”.

¿Qué es mejor para un escritor, cobrar el 70% de diez libros, o el 10% de setenta? Un egresado de escuela de negocios, diría que, para ganar lo mismo, conviene fabricar menos unidades, arriesgar menos, y reducir los gastos de distribución: aconsejará ganar el 70% de diez. Sin embargo, se habrá equivocado, porque no sabe lo que sí conoce un editor con experiencia: que a un escritor le interesa, tanto o más que lo que va a ganar, el número de lectores al que podrá llegar.

Las grandes plataformas, que de usos del lenguaje algo saben, llamaron autores independientes a los que dependen de ellas, convirtiendo de manera automatizada manuscritos en libros sin considerar necesario ningún proceso editorial, y sin intervención de personas, cuando el trabajo del autor y el del editor, no se han podido automatizar. El resultado es un excelente negocio para las plataformas, con un alto riesgo de ahuyentar posibles lectores, al entregarles libros que cuesta leer.

Los escritores también tienen compromisos con sus editoriales, al igual que con otros eslabones de la cadena. Un compromiso diferente en cada caso, que cuánto más sólido es, más productivo resulta. Los escritores dedican mucho tiempo y esfuerzo a sostener estos vínculos, un trabajo arduo, por el que solo cobran cuando un lector compra un libro.

Las editoriales también tienen compromisos con los lectores, y con toda la cadena, ya que todos sus ingresos, con excepción de los aportes de sus accionistas, provienen de lo que los lectores pagan por los libros. La editorial es quien gestiona ese dinero, entregando a cada parte lo que corresponda, reteniendo la suya, y obteniendo un margen para sus accionistas.

Con su parte, la editorial, además de cubrir sus gastos, anticipará el dinero para contratar y publicar nuevos libros, asumiendo una inversión de riesgo, bajo la presunción de que recuperará lo invertido y obtendrá una ganancia. Aunque no siempre sale bien, en conjunto sí, de otra manera no podrían seguir publicando.

Que las editoriales tengan ganancias es importante para todos, los escritores en primer lugar. Editoriales fuertes y estables permiten el desarrollo de creaciones potentes, lo que siempre repercutirá a favor del libro y de la lectura. Los períodos de mayor creatividad literaria, han coincidido siempre con tiempos de fortaleza editorial.

Los lectores valoran cuando un libro se publica en una editorial de prestigio, les da confianza y seguridad. Al autor, un catálogo de calidad le otorga legitimidad, que es mucho más que una satisfacción personal.

El prestigio de un catálogo no tiene nada que ver con el tamaño de la editorial. Aunque la mayoría de los lectores no conozca los procesos del quehacer editorial, sufren las consecuencias cuando no lo hay. Por estas razones -y no por anticuados-, los escritores siguen prefiriendo editoriales tradicionales, por la calidad del trabajo que le garantizan.

Pretender eliminar a las librerías es demencial. Los escritores, que son lectores, saben bien que las librerías no son un intermediario superfluo, sino a quienes se delega la presentación de su obra a los lectores, que son un lugar de encuentro de los lectores, y que los libreros son prescriptores con gran influencia. No conocí a ningún escritor o escritora que considere que las librerías son un simple intermediario más. Tampoco editores: la librería sigue siendo el mejor lugar para dar a conocer nuestro trabajo”, dijo a Publishers Weekly Nuria Cabutí, directora general de Penguin Random House.

La relación de la cadena con el autor, requiere de un cuidado permanente. Solo se pone en riesgo ante decisiones sobre la edición de su libro no consultadas, diseños de portada no consensuados, no entregarle puntualmente el dinero que aportaron sus lectores, o no protegerlo de la inflación o la devaluación, en los países que las hay. El autor es un proveedor estratégico de la editorial, el que aporta la diferenciación entre un libro y otro. Corresponde tratarlo como tal.

Cuando la poeta Louise Glück, después de ganar el Nobel, decidió dejar la editorial que la venía publicando en España, no lo hizo para irse a un gran grupo internacional, sino a otra pequeña editorial que solo publica poesía. Su queja fue que “de los últimos libros no le habían enviado la traducción para revisar, ni le consultaron el diseño de las cubiertas”.

Nadie será nunca tan perspicaz como el autor, para saber qué es bueno y qué no para su libro y sus lectores. Qué se dice y cómo se dice al promover un libro, también requiere de un saber.

Hace muchos años, propuse a Mario Benedetti participar en un programa de televisión exitoso, a cargo de una conductora inculta y vulgar, argumentando que tenía una audiencia de millones de espectadores. Me respondió que no podía hacerle eso a sus lectores.

Para terminar

Los escritores siguen prefiriendo publicar en editoriales con tradición de saber hacer, y tener su libro impreso en papel, porque es el soporte que aporta el valor simbólico necesario para la consagración, y sigue siendo lo que la mayoría de los lectores prefieren para leer. En Estados Unidos, el país de donde nos llega casi toda la innovación tecnológica, en el año de la pandemia aumentó el 8,2% la venta de libros impresos. (Porter Anderson, publishingperspectives.com)

9 comentarios en “El autor solo cobra cuando un lector compra un libro. El lector es el destinatario de su trabajo, y al mismo tiempo quien determina su economía. Un escritor necesita muchos lectores, para poder vivir de su trabajo y seguir escribiendo.

  1. Hola, Guillermo. Muy buena entrada, como siempre.
    ¿Podrías indicarme de dónde sale el dato de que “la venta de libros ha caído un 40% en los últimos diez años”?
    Gracias

    Me gusta

  2. No estoy de acuerdo. Las plataformas de autoedición son un complemento a la edición tradicional con muchas ventajas para los escritores poco conocidos. No sólo se trata del 70%, sino de una mejor distribución, de poder cambiar o ampliar el contenido del libro, de poder variar el precio, de que el libro esté siempre disponible y de participar directamente en el diseño del libro.
    El autor que se autoedita, si tiene unos mínimos conocimientos, es mucho más que un simple proveedor de texto, ya que participa en el diseño y consigue que el libro tenga el formato que desea.

    Respecto a las librerías, son importantes las que saben hacer e prescriptores, pero esas son un pequeño porcentaje, las más son meros almacenes de libros. Además, es difícil que se interesen por un autor “indi”.

    Respecto a los editores tradicionales, están bien para los bestsellers o autores de culto, pero nos aportan muy poco a los autores independientes. Además, hay un montón de pequeñas editoriales que de editoriales solo tiene el nombre, ya que son meros impresores que distribuyen muy mal y hacen que el autor financia la edición.

    Estoy dispuesto a profundizar en este análisis. Saludos

    Le gusta a 1 persona

    • Obviamente los autores han de saber elegir entre editoriales. Si una editorial no aporta nada, no merece llamarse editorial. Pero es injusto generalizar, porque muchas editoriales hacemos un gran esfuerzo profesional y económico con los autores desconocidos. Y nuestros libros y nuestros autores están para certificarlo.

      Me gusta

    • Obviamente hay editoriales y editoriales, pero las que sí apostamos por nuestros autores, cuidamos mucho la edición de nuestros libros y nos movemos por hacerlos llegar donde haga falta. No es justo generalizar porque haya algunas empresas que sean más imprentas que editoriales. El trabajo del “editor” es el gran desconocido en la industria y a fin de cuentas, somos los que apostamos nuestro propio dinero por el sueño de otro, en este caso del autor…. Y esto no hay AMAZON que lo compre!

      Me gusta

  3. Las editoriales pequeñas e independientes tenemos la impresión de que somos como ONGs Nosotros en Libros de Cabecera solo pretendemos aportar nuestro grano de arena para que los empresarios y directivos mejoren su conocimiento del entorno empresarial y económico, y que las empresas (en España y en todo el mundo) estén mejor gestionadas.

    Me gusta

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s