Qué hacer para ser publicado

Un desafío para los escritores

La creciente dificultad para encontrar editorial, similar a lo difícil que resulta conseguir agencia literaria, es una de las mayores preocupaciones de los escritores que tienen una y a veces varias obras escritas, que quieren publicar.

En esta dificultad, encontraron su negocio las editoriales y plataformas digitales de autoedición, que no parecen ser una solución, sino solo un negocio muy lucrativo para la editorial. En Estados Unidos se llaman Vanity Publishers, empresas que lucran con la vanidad del escritor, como si no supieran que lo que ofrecen, nunca satisfará las expectativas que genera.

En el mundo de los escritores, sigue siendo el libro tradicional, impreso en papel, y puesto en librerías por un sello de prestigio, la principal forma de reafirmación, además de la mejor posibilidad de llegar a las librerías, a los medios y a los lectores.

La receta precisa

Hace quince años dediqué mucho tiempo a intentar escribir un libro práctico que se llamaría Cómo hacer para ser publicado. Llevaba años leyendo libros en otros idiomas sobre el tema. Los estadounidenses son muy afectos a dar recomendaciones precisas, qué y cómo se debe hacer. Organicé lo que iba a ser mi libro en doce capítulos, desarrollé la síntesis de cada uno, escribí unas ciento cincuenta páginas, pero nunca lo pude terminar.

Hacía unos años que había dado por concluida mi carrera de editor, que ya no era de editor, sino de directivo de empresas editoriales, en Buenos Aires, México y Madrid. Había cumplido cincuenta años, me parecía el momento de cambiar. Me di cuenta entonces que lo que había sido central en mi vida personal y profesional, era la relación con los escritores, como lector y como editor. En cambio, ser “un directivo” me llevaba cada vez más a una posición empresarial, alejándome de lo que más me gustaba.  Además, comenzaba a escucharme un discurso frente a los editores, que me resultaba difícil sostener.

Más de treinta años de trabajo en el mundo del libro me habían ayudado a desarrollar una mirada internacional de la actividad editorial. Décadas de asistir a las principales ferias europeas y norteamericanas, de viajes y visitas a editores, de recorrer librerías por todo el mundo, y de hacerme de una buena biblioteca profesional (que hoy miro y me parece una antigüedad), me permitieron ver cómo el proceso de concentración de empresas que había comenzado terminaría desdibujando el rol del editor, haciendo que la decisión de qué publicar, se trasladara del área editorial, a la comercial y de marketing.

Viendo hoy el proceso que siguió, se entiende mejor lo que entonces apenas se insinuaba, y que el paso del tiempo confirmó. En mi visión del mundo del libro diría que, en el aspecto literario, educativo y cultural, todo ha ido a peor.

“Los editores suelen estar sobrecargados de trabajo. Reciben durante todo el día numerosas llamadas telefónicas de autores y agentes, de los departamentos de publicidad, marketing y producción de su empresa; asisten a reuniones en las que toman decisiones sobre portadas, nuevas adquisiciones, programas de producción; entrevistan, contratan y despiden ayudantes; negocian con la dirección la adquisición de aquellos libros que desean publicar, presupuestos de promoción para esos libros, y aumentos de salarios y ascensos para ellos mismos. El resultado de todo esto es que buena parte de su trabajo de edición y, habitualmente, casi todo su trabajo de lectura queda relegado a las noches y los fines de semana… Tienen que dedicar la mayor parte del tiempo a proyectos ya contratados, a libros en los que su empresa ha invertido ya una suma considerable de esfuerzo y dinero… Todo eso deja al editor muy poco tiempo o fuerzas para dedicar a un nuevo autor. (Zuckerman, Albert. Cómo escribir un Best Seller)

Esta transformación del negocio editorial, que hizo suyo el objetivo principal de cualquier empresa, obtener beneficios para los accionistas, produjo, entre otras cosas, un aceleramiento de la rotación de editores de una empresa a otra, como única forma de mejora salarial, o de ascenso profesional.  También aportó su dosis a la desocupación en el sector, porque cuando una editorial compra a otra, lo que quiere es sumar la facturación, sin asumir los gastos de personal.

Al salir un editor de una editorial, deja detrás de sí una serie de autores huérfanos, que deberán esperar a saber los planes del nuevo editor, si los adopta y los publica, o si cancela los contratos firmados por su antecesor. Algunas veces es peor, el libro se publica, pero nadie se ocupe de él.

Los editores que antes se ocupaban de 30 libros al año, pasaron a responder por más de 100, las señales eran claras: se iniciaba una etapa en la que los agentes literarios serían quienes mantendrían la relación más cercana, más directa y más estable con los autores. Esa sería mi apuesta.

Página Web de Random House, USA

Instrucciones para escritores que quieran publicar

RANDOM HOUSE DOES NOT ACCEPT UNSOLICITED SUBMISSIONS, PROPOSAL, MANUSCRIPTS, OR SUBMISSION QUERIES AT THIS TIME. If you would like to have your work or manuscript considered for publication by a major book publisher, we recommend that you work with an established literary agent.

El momento prodigioso

Con unos cuantos autores reconocidos y algunas apuestas en mi “lista de clientes”, más muchos años de experiencia en el mundo editorial, yo seguía sin poder terminar mi libro. Hoy, ni me animaría a mirarlo, antiguo, anacrónico e inútil como debe estar.

Reuniéndome con editores de todo el mundo, enviándoles información, sinopsis y mucha información, comencé a conseguir editorial para los escritores que representaba. Comenzó a sorprenderme que las razones por las que un editor se interesaba por una obra, resultaban ser las mismas por las que otro lo rechazaba. Uno leía un manuscrito y le parecía magnífico, y a otro, el mismo texto le parecía un horror.

Hay muchas maneras de presentar un autor o una obra a un editor, y eso se encuentra en varios blogs y páginas web. Sin embargo, nunca nadie comentó ese algo impredecible, absolutamente individual y no previsible, que es el momento en que un editor o editora te escucha, y pronuncia esas palabras que son como la varita mágica de los cuentos de hadas: me interesa, pasaré oferta, despojada expresión de la jerga profesional, que quiere decir que lo quiere publicar, y en unos días vendrá una propuesta de contratación.

Decir algo que no sabías que ibas a decir

Eso tan difícil de explicar, que podría considerarse “el momento mágico” (yo, para mí, lo llamo el click), tiene que ver con algo muy importante del trabajo de buscar editor: la excepcionalidad, la singularidad de cada autor y de cada obra, tanto como los gustos y criterios de cada editor. Por eso no pude escribir mi libro, porque no es posible estandarizar algo que siempre es totalmente diferente y singular.

En una reunión con un editor, a la que el agente llega con materiales muy preparados, lo que define no suele ser lo previsto, sino lo inesperado, algo que el agente dice, sin saber que iba a decirlo, algo sorpresivo, que despierta un interés especial en el interlocutor, una reacción, la asociación con un conocimiento o con una experiencia anterior, y es eso lo que hará que se convierta en el editor que queríamos encontrar.

“El “momento mágico” poco tiene que ver con la magia, sino con un proceso que va por debajo, que no es consciente, que permite transmitir a otro algo diferente, excepcional. Eso que permite que se produzca “el click”, y que nunca se da por escrito, ni por teléfono, ni por chat: solo sucede en la interacción personal. Porque en general, ni siquiera se trasmite con palabras. No hay emoticones capaces de reemplazar lo gestual.

No hay dos escritores, dos editores, ni dos obras iguales. Se comprenderá entonces por qué es tan difícil dar consejos, por qué dejé de buscar una receta que sirviera para publicar.

Lo difícil es hablar de una obra que no has leído, porque no existe nunca la posibilidad de encontrarse con una sorpresa durante la conversación, solo podrás decir lo que traes preparado. No existe ninguna posibilidad de que se produzca ese click, no porque no exista, sino porque se te pasará inadvertido.

Propuestas fallidas

No sería justo hablar de momento mágico, sin decir que por cada vez que este se produce, hubo antes diez o quince intentos fracasados. Al editor no le gustó, no le interesó, a veces no lo leyó, y por supuesto nunca habrá nada de click.

La forma en que se expresa un rechazo depende de la calidad de cada editor, de su disposición y de su capacidad profesional. Desde el sintético y frio “no pasaremos oferta”, al más suave “no lo vemos en nuestro catálogo”, o el más elegante y muy de moda “no sabríamos cómo venderlo”. La aceptación de un manuscrito se expresa siempre en singular, el rechazo en plural.

A veces, excepcionalmente, te dan una respuesta literaria, han leído personalmente, te explican qué les gustó y qué no, y por qué no pueden o no quieren contratarlo. De estos editores y editoras en serio, de cuya generosidad aprendemos tanto los agentes y los autores, quedan pocos, pero todavía hay. Diría que hay una respuesta así por cada veinte que te dicen que no, sin explicar el porqué.

El laberinto

Puedo, aunque nunca lo suficiente, imaginar la enorme frustración de un autor que enfrenta esta tarea por su cuenta, con su propia obra, y soporta una docena de mensajes sin respuesta, media docena de rechazos sin explicación, y dos docenas de citas no logradas.

Sin embargo, para lograr publicar hay que poder resistir esta prueba. Quien ha dedicado noches enteras, meses y a veces años a escribir una obra, con los sacrificios que esto implica, profesionales, familiares, económicos, seguramente tiene recursos para perseverar en esta búsqueda sin desfallecer. Buscar editor o agente no es fácil, pero es muchísimo menos esfuerzo que escribir un libro.

¿Porqué ahora publicar es más difícil que antes?

Escucho habitualmente este comentario, que dice una verdad y tiene su explicación. Inevitablemente, tenemos que ver unos números.  Sé que las cifras son aburridas, pero permitir comprender tan bien, que vale la pena el esfuerzo.

España perdió, con la crisis iniciada en 2008, un tercio de las ventas de libros. La venta de libros bajó, de 3.185 millones de euros, a 2.181. Se evaporaron un 30% de los lectores. (Ernest Alos, El Periódico, 13 de junio 2017, con cifras de la Federación de Gremios de Editores de España).

Si quitamos el efecto de la inflación en estos años, la caída real se acerca al 40%. “El impacto brutal de la crisis… sobre el sector del libro no solo ha reducido su tamaño. Ha cambiado también su composición”.

Sigo con datos del mismo artículo: la transformación implica la concentración en solo dos grupos (Planeta y Penguin Random House), con sede en España, que con la crisis aumentaron su participación, pasando del 22,1% que tenían en 2008, al 32,1% actual. Que estos gigantes de la edición no tengan más del 32,1% del mercado “se aleja de la imagen generalizada del duopolio en el sector”.

Del 67,9% que queda fuera de ellos, un 41% corresponde a los editores de libros de texto (Hachette -Anaya, SM, Santillana). Las editoriales independientes, pequeñas y medianas, que antes tenían el 20,58% del mercado, al haber sido incorporadas a las grandes, hoy tiene el 12,75%.

En el sector editorial en España, que se puede proyectar de manera bastante similar en América, lo que nos ha dejado la crisis es que, en manos de editoriales independientes, solo ha quedado el 12,75% del mercado.

En los últimos siete años, según la Federación de Gremios de Editores de España (Cambiando de tercio, https://goo.gl/KSsbK7), los diccionarios y enciclopedias han perdido más del 50%, el libro de divulgación general ha perdido el 45%, el resto el 30%, y el libro infantil juvenil, solo el 20%

¿Cómo afecta la caída de venta de diccionarios a los libros de literatura, por ejemplo? la respuesta es simple: debilitando a las editoriales, a las distribuidoras y a las librerías, tanto que a veces es difícil de recuperar.

“Soy de la opinión que le evolución de la cifra de negocio no va a crecer, sea cual sea el soporte, sustancialmente en aquellas materias más cercanas a la cultura” (@jmbarandiaran)

Sin embargo, no es esta la percepción que tenemos al entrar a una librería, en especial si no es de cadena. ¿Por qué? Porque lo más visible suele ser la edición literaria, en la que los dos grandes tienen un 40%. También porque el crecimiento de la cuota de mercado de las grandes, no se produjo en detrimento de las pequeñas editoriales que, al contrario, aumentaron su presencia y su visibilidad (mimadas por los críticos, los medios, las librerías independientes y los lectores más constantes), sino a costa de las editoriales medianas, que fueron compradas para aumentar su facturación.

Si se ha evaporado el 30% de los lectores, si se ha transformado el mundo del libro de una manera tan brutal, si hay muchas menos editoriales y editores, ¿cómo no va a ser más difícil publicar?

No hay razones para creer que pueda no ser así. En cualquier oficio o profesión es igual, cuesta muchísimo, lleva años comenzar. Hay que saberlo, y repetírselo cada día. Pero tengamos en cuenta que ese 12,75% del mercado que quedó en las pequeñas editoriales independientes, y que no funciona con los parámetros de los grandes, entre España y América ¡equivale a casi 400 millones de euros!

Las editoriales viven de lo que publican, si lo venden. Sus “descubrimientos”, cuando tienen éxito, son lo que mejor las posiciona y los que le dejan mayores beneficios, sin embargo, el camino de la decisión de qué publicar, es muy complejo. La concentración conlleva una enorme exigencia de los accionistas, para obtener altos beneficios como objetivo principal, y eso ha llevado a muchos editores a trabajar con una enorme tensión.

“El editor que contrata éxitos de venta que la cultura de elite desdeña, es un editor exitoso. El editor cuyas contrataciones pierden dinero, pero son universalmente apreciadas por los críticos y la elite intelectual, es un editor fracasado, al que le será difícil mantener su empleo” (Jeff Herman, A writer’s Guide to Book Editors, Publishers and Literary Agents).

El libro nunca fue un negocio masivo, como algunas grandes empresas intentan que lo sea hoy.  No funciona aplicarle criterios del fútbol o de la television, cuando el mundo del libro no fue nunca ni siquiera como el del rock and roll.  El gran error estratégico de los grandes grupos mediáticos, fue pensar la industria editorial como un negocio de ocio y entretenimiento, abandonando el área tradicional de cultura y educación. Años después, lo seguimos pagando.

El mundo sería mucho mejor de lo que es si todos fuéramos lectores, pero esto es una ilusión. Estaría bien recordar que hace cien años la mayor parte de la población mundial no sabía leer, y hoy, uno de cada cuatro jóvenes sigue siendo incapaz de leer una frase sencilla (Informe de la UNESCO, 2012). La noticia es que las grandes corporaciones multinegocio, también llegarán a esta conclusión.

La fuerza de la ilusión

Para que este panorama no resulte tan desolador, tengo algunas experiencias que me parece importante compartir.

La primera, es que a varios de esos escritores y escritoras a los que de forma casi automática hemos dicho que no, dos o tres años después los encuentro publicados en buenas editoriales, y a veces con éxito. Éxito de crítica, éxito de venta, y a veces los dos. Encontraron su camino, resistieron los rechazos, y se han ido haciendo un lugar.

Estoy convencido de que todo buen texto, de ficción o de no ficción, tarde o temprano termina encontrando editor. La persistencia del autor es un valor fundamental. La persistencia es lo que manifiesta la propia convicción en el trabajo realizado.

La segunda, es que buscar editorial o agencia es un trabajo que, igual que escribir, requiere esfuerzo y dedicación. Hay que investigar a fondo las agencias y las editoriales que a un escritor le interesan, ver qué afinidades hay o no, para insistir o descartarlas. No escribir nunca sin saber a quién hacerlo, no enviar mails colectivos adjuntando un manuscrito. Investigar hoy es fácil, toda la información está en Internet. Agencias y editoriales reciben decenas y centenares de propuestas, a veces poco claras, mal escritas, que ni siquiera pasaron por el corrector de Word, o enviados a varios al mismo tiempo. Las propuestas enviadas así no prosperan, pero no pueden considerarse como rechazos, sino como mal presentadas.

Una colega que sólo representa libros de auto ayuda, y así lo dice en su Web, recibe cada día tres o cuatro autores de novelas que le piden representación.  Otra agencia, que representa exclusivamente libros ilustrados para niños, recibe propuestas de libros de superación personal. Son envíos a ciegas, sin reflexionar, sin investigar, y a ciegas rebotarán. El correo electrónico, ese invento maravilloso, es una herramienta peligrosa: es tan práctico e inmediato, que permite enviar mensajes casi sin pensar.

Tantos miles de propuestas circulando, enturbian el panorama de editores y agentes. No todo el que escribe es un escritor, y algunos, que lo son o podrían serlo, quieren un rápido e inmediato reconocimiento público, les cuesta aceptar el trabajo exigente y largo que hay entre la escritura y la publicación, impulsados por la necesidad de satisfacer el deseo de manera inmediata (podríamos pensar, por ejemplo, en la irresistible entrega en una hora de Amazon). Cuesta mucho esfuerzo darse el tiempo necesario para la reflexión, la reescritura y la corrección. Destacadas obras de la literatura podrán haber sido escritas en un año o dos, pero necesitaron diez para madurar, antes de intentar su publicación. Muchas veces los índices de rechazos, no tienen en cuenta estos casos.

Conclusión

Cuando leo la cantidad de recomendaciones para conseguir publicar que se hacen por ahí, me doy cuenta de que unos aconsejan hacer exactamente lo que otros dicen que hay que evitar. No hay recetas certeras.

Peter Rubi, agente literario en Nueva York, dice: la mejor sinopsis de una novela es una larga frase, porque muestra que ambos –el autor y la novela- están bien enfocados. Y agrega, contundente: si un escritor no es capaz de describir su trabajo en una frase, probablemente a ese libro le falta bastante trabajo. Los americanos suelen ser muy esquemáticos, pero a veces, podemos servirnos de esa limitación.

Por suerte Nada es tan rápido, ni nada es tan lineal, ni nada es tan definitivo, como dice Barandiaran en cambiandodetercio. Recordemos que los más destacados gurus del mundo editorial, anunciaron que el libro electrónico acabaría rápidamente con el libro de papel, y siete años después el e-book no llega al 5% del total.

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16 thoughts on “Qué hacer para ser publicado

  1. El problema que veo es que la mayoría de escritores que son rechazados sistemáticamente por las editoriales no hacen un examen rígido, imparcial, (preferiblemente por un experto, no un amigo), de su obra. Se creen luminarias y sufren rechazo tras rechazo con la esperanza de ser unos Hemingway incomprendidos.
    Señores: Si sus libros no son aceptados por las editoriales, y si sus amistades y seguidores ni siquiera los quieren leer gratis, es hora de que busquen otros caminos. Lo digo por algunos de los comentarios; si escriben como comentan dudo de que algún día alguien pueda leer alguno de sus libros con verdadero interés.
    No hay nada que aleje más a los lectores que textos largos, aburridos y poco interesantes.
    Los que piensan que queda la autopublicación en Amazon como última opción, están absolutamente equivocados. No hay sitio más difícil para sobresalir que en Amazon.

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  2. Mi admirado Guillermo:
    Acabo de terminar de leer tu blog del 30/07, por razones imponderables no pude hacerlo antes, y me apresuro a ponerte estas líneas que creo son, por lo menos para mí, de cierta importancia. Glosar en profundidad tu lúcido texto, me llevaría mucho tiempo y posiblemente caería en el pecado de ser tedioso. Me ceñiré a algunos aspectos fundamentales.
    Debió ser cuando tú estabas preparando esa obra que citas, casi una autoayuda para escritores, cuando yo me puse en contacto contigo, ofreciéndote una novela. Me respondiste muy amablemente, dándome tus consejos de hacer una sinopsis, una semblanza de autor, añadir algunas páginas, etc. A partir de entonces, te hice caso, si bien siempre me respondiste con unas amables palabras en el sentido que no podías encargarte de otro nuevo autor. Como no pudo ser de otra manera, acepté el veredicto. En el interregno que ha transcurrido de entonces a ahora, se produjeron varios cambios. Una novela mía, MI AMADO NIÑO VIEJO, decidí autopublicarla en AMABOOK. Me soplaron 600 € por pasar el texto a ePub y confeccionar una birria de portada que yo mismo hubiera podido mejorar sin problemas. Me empezaron a enviar datos de ventas, que si hoy era el quinto en la lista más vendida, que si el tercero, nunca llegué al primero sí al segundo y así. Hice algunos cálculos y pensé que aquello no iba muy lejos, pero más cerca quedó mi percepción cuando seis meses después de la publicación, tras subir y bajar en el ranking de la edición, me comunicaron con todo triunfalismo ¡que había vendido nada menos que NUEVE EJEMPLARES!, a 3,99 €. ¡Sublime!
    Decidí autopublicarme y monté una página web. ( http://jlalmunia.wixsite.com/public-relations-es) y si tienes el humor de entrar en ella verás que digo que ya no ofrezco más obras gratis. La verdad del cuento es que se la ofrecí a nada menos que a 7.600 contactos personales (de Facebook, Twiter, Linkedin, etc.) ¡y nadie aceptó la oferta! Ni tan siquiera un despistado aceptó una de las tres novelas que ofrecí. De nuevo sublime. Lo digital no funciona, ni poco ni mucho, no funciona. Publicar es otra cosa: es integrarse en un sistema de escritura lectura, en el que hay una profunda complicidad, invisible, entre autor y lector, que yo he sido incapaz de descubrir por ahora.
    Durante un tiempo dejé de escribir novelas y estrené una obra de teatro. Se difundió por aquí, por el sur de España, y bien, normal. Decidí cambiarme al ensayo. Escribí una obra de análisis político cuyo título es bien expresivo: POLÍTICOS: ANALFABETOS POLÍTICOS. De nuevo la peregrinación por editoriales y agentes y de nuevo el rechazo sistemático. Mientras tanto, la edad no perdonó y primero fue un herpes oftálmico que estuvo a punto de matarme, seguido de un adenocarcinoma de pulmón, con el que estoy luchando con bastante dificultades. No obstante, sigo escribiendo. Tengo en el telar otra obra: MARGULIS vs. DARWING. Esta droga de la escritura es casi tan fuerte como la muerte.
    Sé que estas líneas no son muy edificantes, pero creo que ponen una nota algo dramática y real a lo que tú nos cuentas en tu blog. En cualquier caso, gracias Guillermo, por seguir ahí.

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  3. Querido Guillermo, agradecido por tus palabras, es una mirada que lejos de desalentar a los escritores nos permite ver algo de verdad, la persona más cercana, días atrás, antes de partir, me dijo “mi compromiso es con la verdad” y creo que son muy pocos quienes asumen ese desafio y pueden decirlo, como Fitzgerald cuando en Gatzby afirma que su personaje era el único de una pieza. El artista no busca la fama, el dinero o el poder, para ello mejor dedicarse a otras cosas. El artista busca la verdad. Y en ese sentido, aporto que la autopublicacion no es solo “una vanidad”, es además, un medio directo de expresión. No olvidemos que tanto Van Gohg como Modigliani solo llegaron al gran público en forma póstuma. Si nuestro propósito es la verdad, no estaremos demasiado equivocados al crear una obra. Además, no olvidemos que muy en breve ya no seremos y solo viviremos en los corazones de quienes nos amaron, porque nos conocieron en vida o en nuestras obras. Me gusta lo de la varita mágica, creo en las Hadas. Un abrazo

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    • Eso de que el artista no busca la fama, el dinero o el poder, y solo busca la verdad, es muy cuestionable. El arte y el poder han caminado de la mano desde tiempos inmemoriales. Claro, se ha farandulizado el asunto; antes los artistas que deseaban el poder, y no lo obtenían, seguían con su vida, ahora terminan en la portada de la revista ¡Hola!

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  4. Una traducción LEGIBLE y anotada del Finnegans Wake ya no tiene lugar en el mercado actual (?) Ver Letras Libres de julio (Mx y Es)

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  5. Apreciado Guillermo, hace más de veinte años elogió mi valor por iniciar una editorial, lo que no dejaba de tener una fuerte dosis de sarcasmo, probablemente justificado. Desde entonces para acá, en México, donde estoy establecido, el mundo ha cambiado tal y como lo menciona. Solo agregaría a la crisis económica desatada en 2008 el tránsito de los lectores que reparten su tiempo ahora en redes sociales, en menoscabo de la lectura tradicional. Le confieso que, de los cerca de mil títulos publicados en este periodo, el click al que alude se ha dado en un porcentaje bajo, con obras que verdaderamente me han convencido (en singular) y que luego pasan por un mercado que tiene su propio click que raras veces coincide con el mío. Por otra parte, mi esfuerzo va encaminado a mantener un bajo perfil y seguir pasando por pequeño, antes de hacerme apetecible a un grupo trasnacional, lo que resulta en una paradoja: crecer sin que se note. Algo muy interesante en su reflexión es que abandona los mitos del editor y ese hálito romántico del que suele rodearse. Finalmente, una editorial realmente independiente, es aquella que consigue sostenerse por sí misma, sin subvenciones ni apoyos de ninguna especie, sino de los ingresos derivados de su propia facturación, lo que habla de que ha conseguido una cuota del difícil mercado de libros.

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  6. Excelente articulo, aunque desanima. Una opción es renunciar a ser publicado, dejándolo por imposible, pues también conseguir que un/a agente se interese es muy difícil. Cuando no se es rentable, no se es rentable ni para el agente.
    Se puede uno limitar a subir los textos o libros a Kindle Amazon, a ver si alguien los lee, o publicar uno mismo, sin mayor ambición. Es lo que yo he hecho. No pasa nada, lo único es que no se consigue reconocimiento que éste, al final, es un poco vanidad.

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  7. Interesante artículo sobre la edición de un libro. Como sea, soy escritora y mis libros los encuentras en la editorial que los publicó, y por supuestooooo en amazong..com. Pero finalmente los escribí

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  8. Qué bueno es el nombre de Vanity Publishers, Guillermo. Expresa a la perfección la raíz del problema, no solo la razón de por qué hay escritores dispuestos a trabajar sin cobrar, sino por qué hay incluso quienes están dispuestos a pagar por ello. Y elude en parte la contradicción in terminis que implica toda editorial de autoedición.

    La incomprensible decisión de los grandes grupos de fundar sellos que den cabida a los autopublicados solo añade más confusión al tremendo panorama. No sé si estoy de acuerdo en que hoy sea más difícil publicar que antes, pese a las cifras que facilitas; mi sensación es más bien la contraria. Hace veinte años no existía la rica microbiota editorial de pequeños y medianos editores independientes que hoy proliferan por todos los rincones de España y en Latinoamérica. Y tampoco existía la solución digital, que, pese a ser considerada a veces una puerta trasera, al fin y al cabo no podemos negar que puede llegar a ser una puerta. Quizá el problema es que hoy ha aumentado aún más el número de personas que quieren publicar, aunque parecía algo imposible. Hoy publica todo el mundo. Publica hasta quien no escribe. Y esto, añadido al ruido que inunda todo —amplificado por el cruce de mailings que mencionabas, las nuevas tecnologías y las RRSS—, hace impracticable distinguir nada con claridad.

    Para los que hacen —hacéis— la labor de criba, la cosa está más difícil que nunca.

    Quizá algún día los grandes grupos abandonen la idea de impartir talleres de escritura, de fabricar merchandising, o de fundar sellos editoriales en los que su sello solo garantiza que el libro ha sido autopublicado. O quizá lo que abandonen definitivamente sea la literatura.

    Cualquiera de las dos cosas ayudaría a la claridad. Un placer leerte, como siempre.

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  9. Muy interesante articulo y muy positivo. En todo caso, me parece ver una contradicción entre esta frase ” El gran error estratégico de los grandes grupos mediáticos, fue pensar la industria editorial como un negocio de ocio y entretenimiento, abandonando el área tradicional de cultura y educación” y esta otra, usada por Guillermo en otra entrada ” los libros compiten en la misma área de ocio que los videojuegos y la música ” ( según lo que recuerdo ) Quizás la respuesta esta en el diálogo de la librería infinita de Benjamin Noveno:
    —Buenos días deseo leer un buen libro ¿Como puedo saber si un libro es un buen libro?—Le pregunté al encargado.
    —Fácil, en la pared derecha esta el ranking de los mas vendidos —me respondió seguro el encargado.
    —¿Un libro que se vende mucho es necesariamente un buen libro? —Le volví a preguntar.
    El librero ( o como se llame ) me miró serio, luego tomó un libro que tenía a la mano, lo dio vuelta y dijo:
    —No necesariamente: un libro malo puede venderse mucho y un libro bueno no venderse nada, lo que nunca va a suceder es que un libro malo que muchos consideran bueno, se venda poco, y que un libro bueno que muchos consideran malo, se venda mucho.

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  10. Ese clic que se hace en la mente del editor… Es el preludio del clic que oye el lector que al fin descubre, en el texto de la contraportada, una historia que le hace comprar un libro. Por eso pienso que cada editor tiene los lectores que se merece 😉

    El de los libros nunca fue un negocio de hacerse rico, pero sí sexy. Ahí fue cuando ya no pudimos volver a trabajar tranquilos. Pero sigue siendo bonito.

    Gracias por el post, se disfruta mucho.

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