¿Seguidores o lectores? La gran ilusión de las redes sociales

La gran ilusion, cartel con Jean Gabin

Observo, desde hace unos años, una engañosa ilusión que genera las redes sociales. Escritores con miles de seguidores en Twitter, por ejemplo, cuentan sorprendidos que rara vez sus tuits son leídos por más de 30 o 40 personas. La cantidad de seguidores, entonces, parece ser un espejismo, una ilusión que aceptamos porque nos satisface. La mayoría te sigue para que los sigas, haciendo crecer así esa cadena que nos deja muy felices.

Conozco casos de escritores que tienen 25 mil seguidores en Twitter y 150 mil en Facebook, pero cuando publican un libro –del que los seguidores a veces han opinado hasta para elegir la portada—, apenas se venden dos mil ejemplares. Reciben cientos de mensajes diarios de felicitación, muchos diciendo ¿dónde se consigue tu libro? (lo que aparece en la misma página), o no se consigue en ningún lado, mi sobrina lo intenta hace una semana, cuando el libro está en todas las librerías.

Decirle al autor tu libro no se consigue es un clásico, y no alcanzo a comprender por qué es algo tan habitual, incluso cuando no es cierto. Una vez un escritor mexicano estaba tan preocupado después de recibir varios mensajes de este tipo, que desde Barcelona llamé por teléfono a cuatro o cinco librerías importantes de la ciudad de México, para preguntar. En todas el libro estaba.

Los seguidores de los escritores a veces les escriben cada día, ponen muchos megusta, los aman y los admiran, pero no leen los libros que su héroe o heroína publica. Hay una confusión importante entre seguidores y lectores.

la chica que escribe en la tele vintage

Muchos autores hacen el esfuerzo de sostener una relación cotidiana con cientos de seguidores, pensando que cuando publiquen un libro todos se volcarán a comprarlo. Pero no resulta así, y cuesta mucho acepar que entre tantos admiradores haya tan pocos compradores.

Quizás sea parte de la confusión entre el autor y su obra. Pareciera que la gente cada vez quiere saber  más de su ídolo y menos leer lo que escribe, como si los escritores se fueran asimilando a los personajes de la farándula. Miremos cómo han crecido los festivales literarios en todas partes del mundo, en los que puede haber mil personas que pagan una entrada de 10 dólares para escuchar a un escritor, y encantados con lo que han visto y escuchado, a la salida del acto no son más de 20 o 30 los que compran el libro.

A veces creo que muchos de esos fans estarían dispuestos a pagar 10 dólares por hacerse un selfie con el autor, si esto se cobrara, pero no a pagar 6,90 por comprar el libro en edición de bolsillo. Tampoco se trata de que el libro de papel haya sido desplazado por el libro electrónico, ya que en español un libro que vende 3.000 ejemplares en librerías, apenas llega a 50 en formato electrónico. Conozco una escritora que vende más de doscientos mil ejemplares de cada uno de sus libros en librerías, y en formato electrónico apenas llega a cien. Hay muchos ejemplos así, y solo unos pocos al revés.

Algo falla en la relación entre el número de seguidores de un escritor en las redes y el número de lectores de su obra. Creo en la relación de un escritor con sus lectores, sin duda, pero no logro entender por qué de esta manera no funciona. Por momentos, me pregunto si la enorme facilitación de la comunicación entre lector y autor que ofrece Internet, no ha banalizado la calidad  la misma. El objetivo del contacto directo con el autor pareciera ser el hecho mismo de contactarse, no un vehículo para manifestar una opinión, un desacuerdo, exponer ideas o un estado de ánimo producto de la lectura de un texto. Es interesante detenerse en los adjetivos que utilizan los seguidores para hablar de un libro, son casi siempre superficiales, frívolos, superlativos, muy parecidos a los que se usan cuando alguien elogia algún libro que no ha leído.

Recuerdo, cuando no existían las redes sociales ni Internet, que Julio Cortázar dedicaba casi todas las mañanas a responder cartas de sus lectores, que le escribían después de haber leído alguno de sus libros. Cada semana su editorial en París le hacía llegar un paquete de cartas, él las leía y las respondía una por una. Para hacerlo, tenía que poner una hoja de papel en la máquina de escribir, luego hacer un sobre, y una o dos veces a la semana tomar el Metro para ir a la oficina de correos, donde compraba la estampilla para cada destino, y echaba las cartas en el correspondiente buzón.

Cortazar, oficina de correo

Una vez lo acompañé, y mientras pegaba cada estampilla le pregunté por qué hacía todo ese esfuerzo. La respuesta fue más o menos así: toda esta gente se tomó el trabajo de leer mi libro, escribirme una carta muchas veces conmovedora, y enviarla por correo a mi editorial sin saber si yo la recibiría. No puedo dejar sin respuesta a alguien que se tomó todo ese trabajo después de leerme, confiándome muchas veces experiencias muy personales. No responderles sería inconcebible para mí.

Teniendo muy presente mis dudas sobre esto de los seguidores en la redes, no puedo dejar de aplicarlo a mí mismo. Pienso en este blog que comencé hace apenas dos meses, y me sorprende ver la cantidad de lectores y los países tan extraños desde donde lo leen. En dos meses hubo 13.000 lectores, según la estadística que WordPress publica en el margen derecho del blog. Si yo hubiera publicado un libro ¿habría llegado a mil ejemplares? Seguramente no. ¿Qué conclusiones puedo obtener?

Veo cuáles son los textos más leídos, en un blog que trata de temas más bien profesionales, lo que implica un público limitado. Me doy cuenta que no hay relación entre lo que le interesa a los lectores y el esfuerzo que me representó cada texto, o la importancia que tiene para mí.

¿Podría pensar –yo que siempre doy vueltas con esta cuestión- que esta es la señal del mercado? No soy un escritor, pero me pregunto ¿cómo le afecta a un autor lo que se supone que es la respuesta del mercado? ¿Influirá en sus proyectos saber qué es lo que más le gusta  a sus lectores? ¿Podrá escapar a estas supuestas preferencias, dejarlas de lado, y seguir su camino sin tenerlo en cuenta? Encontré una respuesta brillante en el blog http://refinerialiteraria.wordpress.com donde Ricardo Baduell habla de su descubrimiento del gran escritor vasco Ramiro Pinilla (acaba de morir), quien después de 50 años de silencio editorial, sin modificar en nada su literatura ni su actitud, volvió a ser el autor de una obra tan leída como admirada.

El mercado existe, solo que una cosa es tenerlo en cuenta, y otra es someterse absolutamente a su demanda.

doble ilustracion You Tube y Twitter vintage

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38 thoughts on “¿Seguidores o lectores? La gran ilusión de las redes sociales

  1. […] Observo, desde hace unos años, una engañosa ilusión que genera las redes sociales. Escritores con miles de seguidores en Twitter, por ejemplo, cuentan sorprendidos que rara vez sus tuits son leídos por más de 30 o 40 personas. La cantidad de seguidores, entonces, parece ser un espejismo, una ilusión que aceptamos porque nos satisface. La…  […]

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  2. Gran verdad Facebook. Puede darte a conocer. Pero con el tiempo, para la mayoría de tus amigos de muro te conviertes en un personaje familiar; referente de esperanzas para la soledad de muchas damas, si estás en forma y escribes bellos renglones (seas casado o soltero), o quienes que se aficionan a leer tus aforismos, citas y comentarios, cuanto más breves mejor. Da igual que tus libros se impriman en papel o sean virtuales, no los compran ni los leen. Igual te admiran por lo que escribes allí, o a causa de las lindas fotos que publicas. En general, quien te dice que va a comprar tu libro, miente. Es un timo leve, pues el impulso de comprarlo existe como pródiga fantasía, aunque sin realizarse jamás. Yo estoy en la red con un blog de opinión de hondo calado político y social, junto a dos muros bastante atiborrados que, entre novelas voy alimentando. Para quienes escribimos, no deja de ser una gimnasia más que interesante la práctica,por que ejercitas la esgrima caligráfica, contactando con gente nueva, a veces interesante. Pero, a fuer de ser sincero, lo más interesante que me pasó en la red es haber conocido, mediando el Mediterráneo y el Océano Atlántico, a la que hoy es mi mujer, Doctora en Filología Hispánica por la Universidad Federal de Rio de Janeiro, y co fundadora de una cátedra que ejerció durante treinta años. Fue un primer cruce de comentarios el que nos arrimó de inmediato.Luego ella fue a Barcelona y, finalmente, tras año y medio viviendo en mi piso de Vilassar de Mar, nos fuimos al suyo en Brasil. para mí fue un retorno a Latinoamérica, la patria de mi infancia siendo niño de la inmigración. Brasil no es aq

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      • tranquilidad ejemplar, permitiéndote aliviar tensiones. La red puede ser útil hasta cierto punto. Estoy en ella desde el 2008, y no la abandonaré.Pero de ahí a cifrar una cosecha de lectores para mis textos, media una galaxia.

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  3. En mi humilde opinión: creo las redes sociales (Facebook y Twitter) deben ser comprendidas como herramientas para darse a conocer y de cierta manera estar en contacto con los seguidores y a veces lectores. Supongo que de añadido puede llegar a generar algunas ventas; son varios los enfoques cubiertos por las redes tal es consabido.
    Un lector interesado en la obra literaria puede buscar en las redes un complemento, mas éste lee porque le interesa y le gusta, no porque las redes sociales lo instan a hacerlo. Por otro lado están los seguidores, los cuales te siguen por infinidad de razones y pocas veces pasan a ser lectores.

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  4. Tiene toda razón. Internet es una plataforma importantísima, pero a juicio mío las redes sociales están sobredimensionadas, o en todo caso son mal comprendidas. No confundamos la amistad de Facebook con la amistad de carne y hueso, ni un “like” con una muestra bien fundada de gusto o aprecio. Muchos se conforman con leer reseñas, para posar de cultos, y jamás leen un libro lo suficiente como para decir que en verdad les gusta. Lo otro es que ningún autor se plantea seriamente “escribir para un Mercado”. A veces incluso escribe para un Mercado que existirá mucho después de que se muera. Escribir es un ejercicio de los más solitarios.

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    • Es que precisamente eso es lo que diferencia por ejemplo al diseñador del artista. El artista (y el escritor vocacional lo es) escribe en función de la motivación, o de la inspiración que recibe, el diseñador, técnico, ingeniero, crea algo para un mercado/objetivo y para un cliente. El cliente del escritor le llega porque le gusta lo que escribe. Y si, el problema de las redes es que por si solas no te van a vender un libro, sin embargo estar activo en ellas te va a permitir dar a conocer tu imagen, que es tu marca, y aunque no logres vender los ejemplares, tienes más opciones de poder decirle al mundo, he escrito a un mundo.
      La dificultad reside en que el escritor no tiene que buscar a la gente, es la gente la que debe encontrarle a él.
      Un saludo.

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  5. Hoy en día hay mucha presión departe de las editoriales, pero principalmente de los consumidores, para que el escritor tenga presencia en la red.

    Desde el punto de vista del mercadeo, la presencia en la red es basicamente una manera de crear “tráfico”, exponer el producto a la mayor cantidad de posibles compradores. Así que esa presencia cumple dos funciones: relaciones públicas y vitrina. La “nueva” estrategia de ventas no se enfoca en el producto en sí, en el racional (es el mejor producto), sino en el por qué existe (la filosofía de mi marca). Es decir, apelar a la parte emocional, personal e íntima. Lo que se busca es que el comprador se identifique con la filosofía de la marca.

    Viéndolo desde el punto de vista comercial, idealmente el libro es el producto, y el escritor es la marca. Porque un solo título no basta a las editoriales para generar ganancias. Necesitan vender al escritor, que idealmente les va a producir tal o cual cantidad de títulos a lo largo de su carrera.
    Por lo tanto lo que se exhibe es al escritor, y esa filosofía a la cual se apela ahora en ventas, para llegar más cerca de los consumidores, para que digamos “el piensa y siente como yo”, me gusta. Así que si se logra vender un título, se cruzan los dedos para que, en adelante, esté asegurada la lealtad de ese lector, y que ese lector recomiende la lectura. Después de todo, no hay como el boca a boca.

    De hecho, al escritor se le recomienda NO tratar de vender sus libros utilizando su blog, o su twitter o su Facebook, sino dedicar ese espacio a hablar sobre sus puntos de vista de eventos actuales, sobre la escritura, comentar sobre sus aventuras, etc.

    Entonces no, como dice Sinjania, no es un canal de ventas. Pero sí es una vitrina de exposición. Es como un carrera de obstáculos y el premio es el Top of mind. Entonces, por supuesto que tener 15 mil seguidores no quiere decir que hagas quince mil ventas. Es como en la vieja escuela: sacas 1000 volantes, y llegan 100 clientes a tu puerta, de los cuales 50 van a comprar (me estoy inventando los números).

    La red ha cambiado, obviamente, las dinámicas de comunicación y las necesidades -necedades tal vez- de la gente. El mercadeo y la publicidad son una obsesión que raya la obcenidad,la popularidad es más importante que la calidad… son tiempos abrumadores. Yo personalmente no estoy de acuerdo con ese exhibicionismo que se exige, pero es interesante en último caso, comprender las dinámicas actuales.

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  6. Yo considero que la mucha presencia de un escritor en las redes sociales claramente le perjudica e intentar además vender a través de ellas, como comenta Sinjania, es un claro error y no funciona.
    Saludos,

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  7. Bueno, ni con fiebre y los pies sin calcetines sabremos que pasa. Creo que es mejor leer a Lenin, por lo menos el tomo el Palacio de I. Se pierde much0 tiempo en las redes y se banal-iza otro tanto. Mi técnica, truco o pericia. escribir siempre en una linea y… banalizarme. No son opuestos, pero me facilita el que “yo he decidido que escribo para una minoría”
    saludos cordiales
    j ré

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  8. Creo que el error parte de considerar que las redes sociales son un canal de venta: no lo son. En las redes sociales el escritor se muestra, son una herramienta para crear (o ayudar a crear) una marca personal y, es cierto, pueden ser un canal de marketing que ayude a vender a algún libro. Pero ese no es el objetivo.

    El escritor que usa las redes sociales para bombardear a sus seguidores (que no lectores) con mensajes del tipo “compra mi libro” se equivoca. Está usando mal una herramienta y no debe sorprenderse de no alcanzar sus objetivos: eso es como pretender cortar el filete con la cuchara.

    Las redes sociales pueden ayudar mucho al escritor, pero no si busca ventas directas. Por ejemplo, varias editoriales confiesan haber fichado a escritores precisamente por su presencia en redes sociales, por la plataforma de seguidores que habían sabido crear en tonor a sí. Así que por ejemplo, las redes sociales pueden ayudarte a encontrar editor. A que te hagan una entrevista en un diario que aumente tu visibilidad. A que cuenten contigo para participar en una charla. Incluso pueden convertirse en alguna venta. Pero las redes sociales no son una tienda online y un like no equivale a un libro vendido.

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  9. A pesar de su explosivo crecimiento, las redes sociales siguen siendo un ámbito nuevo, con resultados difusos e inciertos. Este artículo da excelentes pautas para un debate que debería no sólo abarcar las redes sociales sino trascenderlas y alcanzar el territorio de la cultura y los hábitos de lectura. Felicidades.

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  10. Solo para que se considere un contraejemplo. El caso de John Green, quien partió levantando un blog (blogbrothers), que evolucionó en un canal de youtube (crash course), y que luego derivo en un movimiento (nerdfighters). Solo entonces, luego de haber construido una base de “seguidores” sacó su libro (The Fault in Our Stars) que fue un superventas. Yo creo, a partir de esta experiencia y otras que conozco, que lo que pasa es que muchos escritores newbies están fallando en entender precisamente que ya la cosa no funciona como en los tiempos de Cortazar. No es que el seguidor este interesado en saber los pormenores de la vida íntima de su ídolo, no. Lo que él quiere es sentir pertenencia a algo, a un grupo de iguales que disfruta con la obra de un escritor y comparten sus códigos, y que si son líderados por el propio artista cuanto mejor. Es como en los tiempos de Tolkien, cuando ser un lector de El Señor de los Anillos era algo muy particular, y donde quienes disfrutaban de esta obra se reunían en sociedades llenas de ritos y simbología. O sea, ya no basta escribir porque en estos tiempos post-modernos lo que el lector exige no es una mera novela, es una realidad completa.

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    • Y sin embargo, Tolkien hablaba de sus “fans” como “mi deplorable culto”. Y ya en esa época.

      Pienso que lo que pasa ahora es que, efectivamente, el lector está en vías de extinción; está siendo reemplazado por el fan, sobre todo en literatura juvenil contemporánea, ya que se nombra a John Green. Lo de realidad completa suena bien en la superficie, pero esconde finalmente algo que tiene que ver más con el consumo y nociones sociales de idenficación temporal con algo que con la reflexión, el cuestionamiento sociopolítico, la instrospección y la belleza estética verbal de una “mera novela”.

      Estos cambios me parecen peligrosos. Es decir, es bueno que exista ese espacio, pero que por favor no se anulen los otros ni se caigan en las generalidades sólo porque una mayoría importante quera imponer sus visiones.

      Yo no exijo una “realidad completa”. Yo me quedo con la mera novela. Y si veo que el escritor de turno habla por todas partes de lo “enganchadora” y “ágil” y “adictiva” que es su obra para que la compremos y de la necesidad de “todo autor” de construir su “marca personal” (qué, ¿los autores escriben literatura o venden bebidas energéticas?), estoy lista para salir arrancando. Y en esas huidas ya perpetradas, me he encontrado con bastantes personas corriendo a mi lado. Ojo.

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  11. Afortunadamente, sigue habiendo gente que lee y que frecuenta librerías y bibliotecas. NO se puede estar día y noche enredando en Redes Sociales y, al tiempo, leer libros. Los “like” son como una suerte de cortesía, nada más. Por otro lado, algunos escritores insisten e insisten tanto en promocionar sus libros que a mí, personalmente, se me quitan las ganas de comprarlos. Ese tipo de marketing es una pérdida de tiempo, no atrae lectores. Soy escritora, por cierto.

    Fantástico post.

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  12. Completamente de acuerdo con este comentario muy, ademas de constructivo, instructivo. En mi caso solo he autoeditado un libro de poesía, su título:mariposas de Papel, muchos elogios, incluso una entrevista en una TV local, y miles de enlaces en “la red”, doy mi palabra de honor que solo he vendido a amigos, conocidos, y poco mas 150 ejemplares.Luego hay una hipocresía bestial. Si deseáis corroborar lo que escribo, la entrevista la puse en mi blog:http://isidorogomezg.blogspot.con.es/ o sea que la “humanidad” cada vez…¡ Por sus actos la conoceréis! Como autor para mi, lamentable, no soy un Garcilaso de la Vega por ejemplo, pero tampoco me gusta el peloteo.Gracias a quien se tome un minuto para leerlo. Te felicito por tu articulo amigo, una gran verdad. Isidoro Gómez.

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  13. Adivina si te he leído o no.
    Opino que actualmente no interesa que los textos sean muy largos, muy profundos, con mucho contenido. Estamos en la era de la inmediatez, de la rapidez de las opiniones, de la superficialidad, de los amigos virtuales, de los seguidores y de los textos de 160 caracteres.
    Yo mismo, he llegado hasta ti gracias a una amiga virtual y por suerte, me he parado un momento a leerte, o no, no sé. Juzga tu mismo.
    Esta sociedad y sus valores nos idiotizan a todos, nos convierten en personas que navegan por los textos sin leerlos, que primamos más que el texto sea corto y simple a que sea reflexivo, largo y con contenido interesante. Si eres bueno sintetizando y lanzando mensajes cortos, tienes mucho que ganar, si, por contra, lo tuyo es la reflexión y el análisis más que la síntesis, no te comes un torrado. Por otro lado está también la percepción de valor económico. La cultura ha pasado a ser aquello que queremos consumir de forma gratuita.
    Bueno, este es el diagnostico, pero, ¿cuál es la solución? ¿qué tendríamos que hacer para parar esta vorágine y cambiar la escala de valores? Buenas preguntas. Ahora, hacen falta buenas respuestas. Espero las tuyas.
    Si realmente lees mi comentario, espero tu respuesta.

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  14. Mi experiencia es completamente opuesta, conozco a una mayoría de escritores que venden mucho más en digital que en papel, incluso en mi caso, te puedo decir que mi novela La Rastreadora ha superado las 5000 ventas en digital y apenas 300 en papel. Por lo tanto no puedo estar de acuerdo con lo expuesto aquí.

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  15. Buena reflexión, Willy. Y especialmente certera. En nuestros sellos (Deusto, Gestión 2000 y Alienta) hemos hecho algún intento de estudio con autores con mucha presencia y engagement en redes sociales y hemos llegado a la conclusión de que las métricas son parecidas a las del márketing directo: un 17% de seguidores interactúan con un like o un RT, un 5% comentan algo sobre el libro (generalmente expresan su deseo de leerlo) y apenas un 1% convierte (compra el libro).

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  16. Lúcida reflexión. Personalmente le daba importancia a los seguidores. El tiempo me ha ayudado a ver que lo que realmente me interesa es a quién sigo yo.

    Pere Suredq

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  17. Se lee menos de lo que se presume igual que hace años se veían menos documentales de la 2 de lo que se voceaba. Y lo que es peor: los lectores no nacen sino que se hacen y el mundo actual parece haber perdido la receta para seguir elaborándolos. Hoy, cuando las librerías empiezan a ser restos del naufragio cultural, debemos preguntarnos si no somos los lectores la verdadera especie a proteger.
    En esta mañana de sábado leer tu artículo ha sido tan placentero como cuando los períodicos tenían firmas con contenido.
    Saludos.

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  18. Las redes sociales, muchas veces vician una relación tan íntima como la que se establece entre un escritor y el lector de su obra durante el proceso de lectura. En ambos sentidos, ya que hay competencias por número de seguidores y en sentido contrario pruebas de poder decir que te habla tal o cual escritor. Al final, la mayor parte de las veces, lo que se establece en este tipo de medios poco o nada tiene que ver con la literatura salvo un contacto banal del que si acaso presumir el lector y contabilizar el autor.

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  19. Interesante reflexión, sólo que no alcanza solamente al caso de los escritores, Podemos generalizarlo a casi todo, lo importante es la inmediatez, el ser visto por un idolo (claro, supuestamente) el pertenecer a un grupo que avala tu presencia. Como hasta hace muy poco decíamos “si está en la televisión existe”, ahora pasa con las redes sociales, no importa tanto que pasa en ese vínculo, sino el imaginar que te sumas a ese colectivo que “sigue” a alguien, sea escritor, político, músico, actor, etc. En esta superficialidad e inmediatez ya no hay tiempo para una carta tirada al correo, ni para leer la obra de nadie, todo eso implica un tiempo que en la generalidad no se quiere tener. Y tampoco hay tiempo, relacionándolo con otras notas en este mismo blog, de escribir sin los resultados inmediatos, de publicar y ser leído. Por eso creo que con esa lógica, también “ser seguido” es atractivo aunque no sea cierto

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  20. Creo que no hay que tomarse las cosas tan al pie de la letra. Me explico: cuando una persona “sigue” a un escritor no quiere decir que haya hecho un esfuerzo para localizarlo, ni siquiera iniciado una búsqueda, pudo habérselo encontrado pegado en su muro por alguno de sus contactos o sugerido por la red social. Ese seguidor, a veces, solo ha querido decir algo como: Sí, me suena ese escritor, lo he visto en la tele, lo he escuchado en la radio, sé que es conocido, no lo he leído pero algún día lo haré, etc.
    Cuando tuiteamos, sobre todo recién iniciados, necesitamos seguir alguna corriente, y nos agrupamos como esos bancos de peces que forman inquietantes nubes para navegar.
    No olvidemos que, gracias a esa tecnológica, tenemos, todos nosotros, un teclado entre las uñas, manejado con más o menos acierto, así que es natural que los usuarios, lectores o no tanto, se identifiquen con los escritores profesionales, referentes del oficio.
    Los comentarios de estos seguidores han de leerse en clave de aplausos, las redes no son tertulias literarias, mal que nos pese (a veces).
    En cuanto a los blogs, más monotemáticos, la mayoría de los inscritos suelen ser personas aficionadas, en este caso a la escritura y a la lectura, lectores en potencia, pero no de hecho. Bastante tienen con bregar con lo suyo…
    Diferenciar entre lectores y compradores de libros, una obra puede venderse regular y, por contra, leerse mucho, no olvidemos el servicio de préstamo de las bibliotecas. Y viceversa también ocurre.
    Yo sí que he leído a Ramiro Pinilla, esa historia de “Antonio B., El ruso, ciudadano de tercera”, pero no lo he comprado, mi situación no me permite ese lujo. Lo he sacado de la biblioteca, hará unos tres meses, De muestra, un botón.
    Doy fe de lo que cuenta sobre Julio Cortázar y su relación con los lectores. Fui una de las que le dieron la brasa enviándole una carta, allá por el 1981, y no solo tuve respuesta de puño y letra, también me invitó a tomar café en su apartamento, tarde que no olvidaré mientras pueda. Su cortesía y gentileza ha sido mi referencia a la hora de contestar mensajes, palabras de aliento o cualquier otra señal de simpatía por parte de mis (posibles) lectores. Por eso, y por mucho más, queremos tanto a Julio…
    P.S. Le sigo.

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  21. Sí Guillermo, todos nos hemos ilusionado con las redes sociales pero sólo son sociales, el nombre está bien puesto, un follow o un retuit son besos, sólo besos. Pasa en otros sectores también. Que lean o compren, eso es harina de otro costal.
    Saludos.

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  22. Qué oportuno apunte en una época en la que es tan fácil confundir encuentros y desencuentros virtuales con los reales. Así también la columna referida a Ramiro Pinilla, un autor que ahora me siento más obligado a leer, que parece poner las cosas en su lugar. Gracias.

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    • Bonito artículo aunque difiero de varios comentarios, porque siendo lectora (no escritora profesional porque a duras penas escribí mi tesis, redacto informes del trabajo y respondo emails) puedo decir que si hubiese sabido leer y escribir cuando Cortazar todavía estaba con vida, me hubiese gustado escribirle y si me hubiese respondido probablemente tuviera su carta enmarcada o al menos guardada en una caja para objetos valiosos la misma donde están cartas de ex-novios o fotos de la abuela que lleva muerta más de una década… Debo admitir que mi relación con las redes sociales y los escritores es distinta a la descrita, primero alguien me recomendó el libro, un amigo o un familiar probablemente. Luego busqué el libro sea nuevo o usado, lo leí y si me encantó busco al autor en redes sociales para felicitarlo… y si me responde, pues probablemente pase el día con una sonrisa de oreja a oreja. Imagínese mi pesar cuando a veces me he dado cuenta que el que responde es un manager de relaciones públicas y no el escritor…

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      • Anónimo, cuando un escritor tiene un manager de relaciones públicas es porque tiene más seguidores de los que puede gestionar personalmente. Gente como tú que ha leído su libro (o no) y le escribe en espera de una respuesta. A veces pueden ser cientos o a veces miles (si un escritor necesita un manager es porque probablemente tenga miles). Tal vez el escritor podría responderte personalmente, a ti y a los cientos de personas que tratan de comunicarse con él de esta manera. Pero entonces no tendría tiempo para escribir sus obras.
        Por mucha ilusión que nos haga comunicarnos con nuestros autores favoritos, lo que de verdad importa es lo que hemos sentido al leer su obra. Todo lo demás es vanidad de vanidades.
        Yo lo tengo muy claro. Prefiero que mis autores favoritos escriban nuevas obras a que se pasen el día haciendo de “relaciones públicas” o promocionando su propia obra en las redes o en cualquier otra parte, lo que probablemente les reste tiempo para escribir e incuso puede que influya negativamente en la calidad de lo que escriben.
        O como solemos decir por aquí: “Zapatero, a tus zapatos”.

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