“El mercado se ha reducido”

antonio_segui_algunos_sin_trabajoEl mercado se ha reducido: lo dicen de esta manera para asustarse menos.

Me recuerda a un poderoso grupo económico que tenía una editorial entre sus diversas actividades, cuando anunció que iba a desinvertir en el negocio del libro. En realidad lo que quisieron decir es lo que hicieron, cerrar la editorial y sus filiales en una docena de países. Pagaron todo –nada que objetar-, inclusive la indemnización completa al personal despedido, pero no hubo reparación posible para los editores y los autores que habían creído en el proyecto, acompañándolo con compromiso.

Esta manera aséptica de utilizar un lenguaje seudo financiero para decir algo tan simple como que se venden menos libros que antes, oculta una situación bastante grave. Se venden menos títulos y menos ejemplares de cada uno de ellos. Aunque no hay cómo medirlo, lo que pasa es que se lee mucho menos.

Durante los primeros años de esta crisis que lleva cinco o seis años, perdimos el tiempo
acusando al libro electrónico, que recién llegaba, de todos los males. Hoy se sabe que en tres años la venta de e-books en español apenas alcanzó al 3% del total de libros vendidos, y que la caída general es de más del 30%.

Demasiado ¿cómo sobrevive cualquier industria a una caída así? Es una condena con fecha fija, si antes no logra una transformación absoluta del negocio. Algunos dicen que hay que reinventarse, eufemismo de dedicarse a otra cosa. Semejante caída no hay editorial que lo resista, ni hay librería que pueda seguir pagando un alquiler en una buena zona, y como consecuencia inevitable los ingresos de los autores caen en picada, imposibilitándoles vivir de lo que escriben, tal como nos habíamos acostumbrando.

Hay excepciones, pero son solo eso. Cada año había, en todo el mundo y en España también, un par de títulos que superaba el millón de ejemplares, a veces llegaba incluso a más de tres. Esto sostenía a cualquier editorial, por dispendiosa que fuera, y a la cadena del libro completa. De esos fenómenos de venta, ahora hay uno cada dos o tres años, y nadie sabe cuándo aparecerá el próximo. La imposibilidad de sostener la cifra de venta nos muestra algo que no gusta a los departamentos de marketing: que los best sellers no son fabricables.

La mayoría son imprevistos, los construyen los lectores, y no sabemos por qué ni cuánHarry Potterdo ni cómo aparecerán. Por eso las grandes editoriales publican miles de títulos al año, tentando la suerte, si alguno despega entonces invierten en ese para que se venda más. Si los best sellers fueran fabricables, las editoriales solo publicarían media docena de libros al año, y las ganancias serían enormes.

La caída en la venta de libros no es casual. Es la consecuencia de la aplicación a rajatabla del modelo de ajuste económico que se aplica en toda América Latina y España. De la reconfiguración de los ingresos, con muy pocos ganadores y muchos perdedores, lograda con la reducción de los presupuestos de salud y educación, masificando las aulas, acortando las horas de clase, y pagando y exigiendo cada vez menos al docente. Lo lograron: la lectura y el conocimiento dejaron de ser un valor y una garantía de ascenso social y económico. Vivimos en pleno ciclo del “pelotazo”.

En los países latinoamericanos, los mismos donde muchas editoriales españolas hoy se ilusionan pensando que se van a salvar, la receta de aplicó mucho antes. Las escuelas públicas se fueron convirtiendo en un sitio donde las maestras dedican demasiado tiempo a cocinar, porque los niños se les duermen en clase por hambre. ¿Qué calidad de educación podemos pedirles a estos enseñantes?

Es verdad que hay excepciones, en México hace casi cien años que se entrega gratis a los alumnos de primer ciclo todos los libros de enseñanza, y el estado compra a las editoriales grandes cantidades de libros para las bibliotecas de aula. Hace unos años algo similar comenzó en Perú, y también en Argentina, con los altibajos de su política y sus posibilidades económicas. También, en todas partes, las elites son otra excepción, y tienen sus centros privados de enseñanza de alto nivel, pero las elites de hoy solo constituyen mercado para los productos de lujo, que compran en el exterior cuando viajan.

 

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Para que la venta de libros no disminuya, se necesita una política de redistribución del ingreso, una condición inalcanzable cuando vimos una época exactamente en dirección contraria. Se necesitaría una política de estado sostenible durante décadas, más allá de cada cambio de gobierno. México lo hace parcialmente con los libros de texto gratuitos. La larga tradición cultural Argentina no desaparece en veinte años, pero se deteriora demasiado. Alcanza con ver en cada país la penosa lista de los libros más vendidos, para darse cuenta en qué lugar tan bajo de la curva estamos. En Chile, donde los libros más vendidos solían ser de escritores locales, hoy los rankings de venta muestran –como en el cine- a los mismos best sellers internacionales que en todas partes, cada vez de más bajo nivel, cada vez peor traducidos, cada vez menos valiosos. Colombia, un país que está creciendo hace años y tiene 44 millones de habitantes, no ha desarrollado el mercado del libro que los colombianos merecen. Venezuela, gran importador en los años 60 a 90, cuando Caracas tenía algunas de las mejores librerías de América, ha desaparecido del panorama internacional del libro. Países más chicos, como Uruguay o Ecuador suman poco, Bolivia y Paraguay es como si no existieran, y toda Centroamérica está cada vez peor. Puerto Rico, que supo ser un país de lengua española, ha ido llevando a los lectores a la lengua de la Unión Americana de la que forma parte (inmersión lingüística, lo llamaron). El mercado hispano de los Estados Unidos es una entelequia, como saben los editores. De los tan mencionados 50 millones de hispanos, los pocos que leen prefieren hacerlo en inglés. Solo el mundo académico, que no es nada despreciable, compra libros en español. El principal comprador de libros españoles es Francia, y con mucha diferencias siguen Portugal, México, Reino Unido, Italia, Argentina, Brasil y Chile. ¿Qué quiere decir esto?

Mirar las listas de best sellers de cada país de habla española es un ejercicio muy instructivo. Todos se parecen entre sí: los mismos títulos, la mayoría traducidos del inglés. Estados Unidos ha tenido éxito en la generación del “Gran Mercado Transatlántico” que pregona, apoyados por un dólar barato y los Tratados de Libre Comercio, en los que la libertad es básicamente para vender sus productos. En el gigantesco mercado del libro en ese país, solo el 3% de los libros publicados cada año son traducción de otros idiomas, sumando todos los géneros y todos los idiomas de origen. Hubo años en esta década, que de 120 mil títulos publicados en un año, solo 300 fueron traducciones.

¿Qué nos queda por hacer, entonces? ¿Esperar a que se recupere España, durante décadas y aún hoy en plena crisis el principal mercado del libro en español? (En 2013, y luego de la caída brutal de los años anteriores, el negocio del libro en España fue de 2.187 millones de euros, casi tres veces que el de todo América Latina). Para entonces ¿no nos encontraremos con que la política de estado, tan efectiva recortando la educación y produciendo la desocupación necesaria para que bajaran los salarios, arrasó también con los lectores ganados desde los años de la transición?

Por lo pronto, sería interesante que llamáramos a las cosas por su nombre. El mercado se ha reducido, es cierto, pero no por casualidad, sino a consecuencia del éxito del proyecto político y económico vigente.

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One thought on ““El mercado se ha reducido”

  1. Hola, me gustó mucho la entrada. Nunca había vinculado la redistribución de la riqueza con la caída de la venta de libros (tendía a pensar en el fenómeno de lectura fragmentaria causado por Internet, por ejemplo), pero ahora que lo pienso –después de leer la nota– me parece evidente que no es una correlación espuria.

    Soy uruguayo pero vivo en Francia. Me ha llamado mucho la atención la cantidad creciente de libros en español que se encuentran en las librerías (al menos en las de París). Y si bien aquí los bestsellers no escapan a la tendencia mundial en cuanto a calidad, es cierto que hay varios locales (Marc Levy, Guillaume Musso, etc.) y también es cierto que la venta promedio de un libro premiado por el Goncourt es de 400 mil ejemplares. He comentado esto con amigos escritores argentinos y uruguayos, que con suerte venden 500 y 300 ejemplares respectivamente, y todavía estamos por comprenderlo del todo. Aquí leer es un acto casi que identitario (basta ver cuánto se lee en plazas, bares, transportes públicos), pero no parece explicarse sólo por eso.

    Muchos aconsejan la autoedición como vía alternativa, y no pocos la presentan como la única solución viable a futuro. ¿A usted qué le parece? Me interesa su opinión.

    Un saludo.

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