Los escritores no hacen testamento

(Que sea lo que dios quiera)

A las y los escritores se les hace muy difícil pensar en su futura sucesión (aunque algún día será inevitable), y dejar claramente dispuesto quién y cómo se ocupará de su obra y de sus papeles inéditos, cuando ellos ya no estén.

A los escritores estadounidenses esto no les sucede. Allí los abogados, que intervienen en cada acto de la vida de los ciudadanos, confrontan a sus clientes con la necesidad de tomar estas decisiones, se requiere hacer testamento para contratar un seguro, para abrir un plan de pensiones, tomar una hipoteca, o abrir una cuenta en el banco.

A los escritores -los latinoamericanos en especial, aunque no solo- les cuesta pensar en su obra en términos de patrimonio económico, aunque le hayan dedicado una buena parte de su vida. Priman otros valores para la producción literaria o ensayística, y quizás un exceso de falsa humildad para reconocer la obra escrita como un posible valor patrimonial.

La dificultad para disponer qué se hará con su obra después de la muerte, suele estar ocultando la dificultad de pensar en la propia muerte. Le soleil ni la mort ne se peuvent regarder fixement”  (La Rochefoucauld, citado por Elías Canetti en Libro de los muertos).

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Maldito mercado

Muchos escritores y escritoras tienen con el mercado una relación de amor/odio paradigmática. En especial los españoles y latinoamericanos, que -aunque dediquen horas, días, y viajes agotadores para promoverse-, suelen decir que el mercado no les importa.

Es verdad, la calidad literaria es algo independiente del mercado. No es la venta lo que consagra o no la buena literatura, pero lo que un autor gana con su trabajo de escritor, está directamente relacionado con la cantidad de ejemplares vendidos. Si el mercado lo entendemos como el lugar donde se encuentran la oferta y la demanda de productos y servicios y se determinan los precios, cualquier libro publicado, lo quiera o no su autor, está en el mercado y no escapa a las reglas de este. Sigue leyendo

Oye Siri, ¿hacia dónde va el mundo del libro?

La caída del 40% en la venta de libros, en los últimos diez años, no es una crisis, sino una nueva realidad, que hay que analizar con atención. El mercado se redimensiona, se reacomoda, sabemos que los lectores compran menos, no sabemos si también leen menos.

En Estados Unidos, el país donde más libros se publican y venden, en los últimos diez años, la venta ha tenido una caída del 37%) (United States Census Bureau, 2018, www.census.gov).

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El agente literario ¿un simple intermediario?

Qué tristeza sentí al leer una entrevista reciente, en la que una colega decía “los agentes literarios somos intermediarios entre el autor y el editor”. Tristeza porque no creía que ningún agente pudiera pensar así, y más tristeza aún porque adopta con naturalidad el discurso que desprecia “la intermediación”, por no ser un concepto de la nueva economía, esa que se dice colaborativa, en la que la colaboración consiste en que muchos tienen ingresos miserables, para que unos pocos se enriquezcan. Como si la empresa de distribución más grande del mundo no fuera, justamente, un intermediario gigante.

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El editing, esa arma de doble filo ¿Mejorar o transformar?

El trabajo del editor con el texto del autor ha tenido momentos de gloria, resultando algunas veces un aporte muy agradecido por los escritores, que vieron cómo el editor les ayudaba a mejorar, o incluso a poder terminar su obra. Hoy, la imperiosa necesidad de vender más ha distorsionado la idea del editing, llevando a muchos escritores a una zona de conflicto con sus convicciones.

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Qué hacer para ser publicado

Un desafío para los escritores

La creciente dificultad para encontrar editorial, similar a lo difícil que resulta conseguir agencia literaria, es una de las mayores preocupaciones de los escritores que tienen una y a veces varias obras escritas, que quieren publicar.

En esta dificultad, encontraron su negocio las editoriales y plataformas digitales de autoedición, que no parecen ser una solución, sino solo un negocio muy lucrativo para la editorial. En Estados Unidos se llaman Vanity Publishers, empresas que lucran con la vanidad del escritor, como si no supieran que lo que ofrecen, nunca satisfará las expectativas que genera.

En el mundo de los escritores, sigue siendo el libro tradicional, impreso en papel, y puesto en librerías por un sello de prestigio, la principal forma de reafirmación, además de la mejor posibilidad de llegar a las librerías, a los medios y a los lectores.

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