Cuánto vale y cuánto se paga el trabajo del escritor

Hay escritores que trabajan en su obra, sin preocuparles por si ese trabajo será remunerado o no. Otros, consideran que escribir es un trabajo profesional, por lo que corresponde que se les remunere como tales.

Borges nunca se preocupó por cobrar por sus cuentos o poemas, vivía de su trabajo en el municipio, de colaboraciones periodísticas, luego de dar conferencias y de su salario como director de la Biblioteca Nacional, pero nunca de sus derechos de autor. Igual que Juan Rulfo, que en vida solo publicó dos breves libros que, aunque transformaron la literatura en español del siglo veinte, tenían muy poca venta. Para vivir, Rulfo trabajó toda la vida como editor de un organismo gubernamental. En esa época, la edición todavía era una actividad cultural, ahora, es una actividad industrial, como tal, lo que prima es la rentabilidad.

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Ante la emergencia: una propuesta concreta para los escritores y todo el ecosistema del libro

Nadie pone en duda que vivimos una situación de emergencia global que, dentro del ámbito que nos compete, afecta a los escritores, agentes, editores y libreros de todo el mundo por igual. No sabemos cuándo y cómo saldremos de esta situación, pero imaginamos que sus consecuencias se llevarán varios meses. Existe un complejo tejido, construido desde que se inventó la imprenta y la gente comenzó a poder leer, que se ha interrumpido. Necesitamos que no se dañe.

Las industrias culturales, que, de manera absurda, muchos insisten en considerar no prioritarias, ya están afectadas y lo estarán un buen tiempo más. Ateniéndonos al mundo del libro, y a la necesidad de sostenerlo de alguna manera, hay algunas propuestas que se pueden implementar. Y confío en que otros aporten algunas más.

Hay que encontrar un paliativo, que permita ayudar a cubrir el hueco que deja, desde hace casi un mes, paralizada la circulación de dinero, las librerías cerradas y las editoriales llenas de los libros que no pudieron lanzar, apilados en los depósitos, sin saber cuándo podrán circular.

La paralización de la venta paraliza los ingresos de las editoriales, que, según su tamaño y sus espaldas financieras, comenzarán a tener dificultades para cumplir con sus compromisos de pago. A las librerías, que ya no tenían reservas, la deja en pésima situación.

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Al asedio de los editores

Mecanizar la decisión editorial

Mecanizar: Dar la regularidad de una máquina a las acciones humanas (Real Academia)

En su afán por modernizar y mecanizar la siempre compleja decisión editorial (decidir qué publicar), algunas grandes empresas incorporaron directivos de análisis de datos, formados en sectores del consumo masivo, que deciden apostar por la automatización de las decisiones del editor/a. Una notable escasez de sentido común.

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Los escritores no hacen testamento

(Que sea lo que dios quiera)

A las y los escritores se les hace muy difícil pensar en su futura sucesión (aunque algún día será inevitable), y dejar claramente dispuesto quién y cómo se ocupará de su obra y de sus papeles inéditos, cuando ellos ya no estén.

A los escritores estadounidenses esto no les sucede. Allí los abogados, que intervienen en cada acto de la vida de los ciudadanos, confrontan a sus clientes con la necesidad de tomar estas decisiones, se requiere hacer testamento para contratar un seguro, para abrir un plan de pensiones, tomar una hipoteca, o abrir una cuenta en el banco.

A los escritores -los latinoamericanos en especial, aunque no solo- les cuesta pensar en su obra en términos de patrimonio económico, aunque le hayan dedicado una buena parte de su vida. Priman otros valores para la producción literaria o ensayística, y quizás un exceso de falsa humildad para reconocer la obra escrita como un posible valor patrimonial.

La dificultad para disponer qué se hará con su obra después de la muerte, suele estar ocultando la dificultad de pensar en la propia muerte. Le soleil ni la mort ne se peuvent regarder fixement”  (La Rochefoucauld, citado por Elías Canetti en Libro de los muertos).

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Maldito mercado

Muchos escritores y escritoras tienen con el mercado una relación de amor/odio paradigmática. En especial los españoles y latinoamericanos, que -aunque dediquen horas, días, y viajes agotadores para promoverse-, suelen decir que el mercado no les importa.

Es verdad, la calidad literaria es algo independiente del mercado. No es la venta lo que consagra o no la buena literatura, pero lo que un autor gana con su trabajo de escritor, está directamente relacionado con la cantidad de ejemplares vendidos. Si el mercado lo entendemos como el lugar donde se encuentran la oferta y la demanda de productos y servicios y se determinan los precios, cualquier libro publicado, lo quiera o no su autor, está en el mercado y no escapa a las reglas de este. Sigue leyendo

Oye Siri, ¿hacia dónde va el mundo del libro?

La caída del 40% en la venta de libros, en los últimos diez años, no es una crisis, sino una nueva realidad, que hay que analizar con atención. El mercado se redimensiona, se reacomoda, sabemos que los lectores compran menos, no sabemos si también leen menos.

En Estados Unidos, el país donde más libros se publican y venden, en los últimos diez años, la venta ha tenido una caída del 37%) (United States Census Bureau, 2018, www.census.gov).

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El agente literario ¿un simple intermediario?

Qué tristeza sentí al leer una entrevista reciente, en la que una colega decía “los agentes literarios somos intermediarios entre el autor y el editor”. Tristeza porque no creía que ningún agente pudiera pensar así, y más tristeza aún porque adopta con naturalidad el discurso que desprecia “la intermediación”, por no ser un concepto de la nueva economía, esa que se dice colaborativa, en la que la colaboración consiste en que muchos tienen ingresos miserables, para que unos pocos se enriquezcan. Como si la empresa de distribución más grande del mundo no fuera, justamente, un intermediario gigante.

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El editing, esa arma de doble filo ¿Mejorar o transformar?

El trabajo del editor con el texto del autor ha tenido momentos de gloria, resultando algunas veces un aporte muy agradecido por los escritores, que vieron cómo el editor les ayudaba a mejorar, o incluso a poder terminar su obra. Hoy, la imperiosa necesidad de vender más ha distorsionado la idea del editing, llevando a muchos escritores a una zona de conflicto con sus convicciones.

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Qué hacer para ser publicado

Un desafío para los escritores

La creciente dificultad para encontrar editorial, similar a lo difícil que resulta conseguir agencia literaria, es una de las mayores preocupaciones de los escritores que tienen una y a veces varias obras escritas, que quieren publicar.

En esta dificultad, encontraron su negocio las editoriales y plataformas digitales de autoedición, que no parecen ser una solución, sino solo un negocio muy lucrativo para la editorial. En Estados Unidos se llaman Vanity Publishers, empresas que lucran con la vanidad del escritor, como si no supieran que lo que ofrecen, nunca satisfará las expectativas que genera.

En el mundo de los escritores, sigue siendo el libro tradicional, impreso en papel, y puesto en librerías por un sello de prestigio, la principal forma de reafirmación, además de la mejor posibilidad de llegar a las librerías, a los medios y a los lectores.

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La librería más grande del mundo, contra libreros, editores y autores

El gran depredador. El avance, a cualquier costo, de algunas empresas, es tan vertiginoso como la velocidad con que nos están arrastrando a la jungla. Lo increíble es que el final, pareciera no ser otra cosa que su propia destrucción. Pienso en los ingenieros que están diseñando los robots que reemplazan a los operarios en las fábricas de automóviles, robots que en pocos años ya no necesitarán ingenieros, porque se diseñarán a sí mismos. A esto quiero referirme, a lo que se anuncia como un gran avance, y parece todo lo contrario. Como lo que llaman “economías colaborativas, donde la “colaboración” consistente en que unos trabajan casi por nada, y otros se llevan casi todo.

Estos impulsos, que se presentan como “una gran innovación”, ocultan la verdadera meta y el camino de destrucción. Un ejemplo son las ciudades en las que se han abierto grandes centros comerciales, que arrasaron con el comercio de barrio y con el empleo, a toda velocidad.

En el mundo del libro este fenómeno es más reciente, y aunque el crecimiento de las grandes cadenas implicó el cierre de muchas librerías de barrio, el gran proceso de destrucción que ahora estamos viendo, viene desde afuera del sector, facilitado por las posibilidades de las nuevas herramientas digitales.

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Aritmética para escritores

Se da por supuesto, con toda naturalidad, que a un escritor se le retribuye, en concepto de derechos de autor, con el 10% del precio de tapa de los ejemplares vendidos de su libro. Nunca escuché a nadie explicar por qué, más allá de decir que siempre ha sido así.

Cuando todo ha cambiado tanto, en la industria editorial y en el comercio del libro, en la economía, y en todos los valores de cualquier índole, es llamativo que este porcentaje se mantenga inalterable, pese a que cualquier pequeña diferencia, representa mucho: si un autor recibe el 12% en lugar del 10, sus ingresos aumentan un 20%, lo que no es poca cosa.

La mayoría de los escritores firman el contrato de edición sin negociar lo que se les pagará, y por lo general sin siquiera leerlo, como un acto de fe ante el editor, sin tener en cuenta que no está comprometiéndose con ese editor, sino con la empresa para la que él trabaja. El editor podrá irse de esa editorial, pero el autor no.

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Seis problemas del libro y la edición/6: Editoriales independientes, los desafíos para su sostenibilidad

“los grandes están llenos de lamentaciones y los pequeños llenos de alegría”.

Este comentario, tan aplicable a la situación actual de la industria editorial, es de un poeta egipcio de hace 4.000 años (citado por Bertolt Brecht en Cinco dificultades para escribir la verdad, 1934).

La gran crisis de los últimos años, que produjo la devastadora caída del 40% de la venta de libros en España, y la inestabilidad política y económica en cada país latinoamericano, ha generado también el mayor número de ricos, obscenamente ricos, de la historia.

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Seis problemas del libro y la edicion/5: Las redes sociales no venden libros

Pero ¿cómo prescindir de ellas?

“Vender libros” pareciera una consigna muy clara, pero no lo es. Porque no me refiero solo al acto concreto en una operación mercantil de compra venta, como sería la de cualquier otro artículo de comercio, sino a un compromiso que va mucho más allá de la adquisición de un libro, y que tiene que ver con la elección de un camino de contacto profundo con una historia, o con unas ideas, a través de un camino largo, lento, casi siempre silencioso y privado, como es el de la lectura. Exactamente lo opuesto a la inmediatez que ofrecen las redes, a la relación simbiótica con los dispositivos, y a la vida online.

Si comprar libros implica elegir ese camino de acceso lento a un contenido, que no se puede hacer en simultáneo con otras actividades, ¿no suena incoherente hacerlo desde un medio de comunicación que apela exactamente a lo contrario?

Sin embargo, en la realidad de hoy, no hay otros medios de gran alcance tan poderosos como las redes sociales. ¿Será posible aprovecharlas?

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Seis problemas del libro y la edición/4: Las librerías

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Librería Lello, Oporto

Una librería en la ciudad es lo que un faro en el océano para los antiguos navegantes: un punto luminoso, que orienta, que ayuda a no naufragar. Es comercio singular, con un atractivo especial: la iluminación, los libros, los colores de las portadas, la gente mirando sin prisas… Una librería trasmite siempre una sensación apaciguante, que se impone como un lugar de distensión dentro de la agitada vida de la ciudad. Pero también tiene que cumplir con todas las reglas de cualquier comercio: buenas garantías para alquilar el local, una renta elevada si quiere estar en una buena ubicación, servicios e impuestos, y sobre todo, ser rentables para poder subsistir.

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